top of page

Carta a mi niƱa interior: Un paso a paso para un ejercicio transformador

Actualizado: 26 dic 2025

Lo escucho todo el tiempo en mis pacientes: "Mi papÔ trabajaba muchísimo", "mi mamÔ no estaba tanto en casa", "perdimos a mi papÔ cuando yo era pequeña" o "no tengo muchos recuerdos de mis papÔs". Esto es normal. También escucho mucho una historia que se narra distinto: "Mi infancia fue maravillosa", "amo a mis papÔs, no tengo ninguna queja de ellos" o "no puedo quejarme de nada de mi infancia". Sin embargo, cuando empezamos a indagar un poco mÔs profundo, aparecen dinÔmicas y situaciones que levantan algunas dudas. QuizÔ tus papÔs estuvieron muy presentes en casa, pero no indagaban por tu estado emocional. QuizÔ tu papÔ te contempló y te dio gusto en todo, pero no escuchaba cómo te sentías. QuizÔ tuviste una madre maravillosa, pero que te exigía bastante. Todo esto, sea cual sea tu versión de la historia, es algo que incluso hablado en un espacio terapéutico, cuesta nombrar y reconocer. Nos sentimos culpables. No queremos quejarnos de nuestros padres. Los queremos, los adoramos y tenemos relaciones positivas con ellos, por lo que admitir que nos hicieron daño se puede sentir como un acto de traición profunda. Esto es normal. No es traición.

Siempre le digo a mis pacientes en consulta: aquƭ ni buscamos culpar a tus padres. Aquƭ, en este espacio, no hablamos de "buenas" ni ""malas" personas (ni papƔs). Hablamos de seres humanos que tenƭan una serie de herramientas para criarte e hicieron lo mejor que podƭan con eso que tenƭan. Nada mƔs. Admitir que algunas de tus necesidades emocionales no fueron satisfechas y que hubo momentos de tu infancia donde te sentiste profundamente solo no te hace mal hijo/hija. Te hace un ser humano valiente, capaz de reconocerse y decir: aquƭ estƔ mi trabajo.


La ausencia y el abandono no son fenómenos que se dan solamente de forma física. Un padre ausente también es el que estÔ, pero no escucha. Una madre que nos abandona también es la que prioriza el bienestar de todo el mundo por encima del nuestro. Es importante reconocerlo para entender de dónde puede venir nuestro patrón relacional: Como adultos, somos capaces de racionalizar y comprender que nuestros padres no querían lastimarnos, pero los niños no incorporan lógica y razón. Los niños incorporan experiencias emocionales: un sentir. Si, como niño, sentiste soledad, abandono, insuficiencia o inseguridad, es posible que hayas tomado esa experiencia emocional como una señal de que no eres suficiente. De que hay algo en ti que no merece amor, atención o cuidado. Lo que aprendiste (lo que sentiste) como niño se incorpora como una creencia y te acompaña el resto de tu vida.


Y cuando un niƱo vive ese sentir de manera repetida —cuando llora y no es consolado, cuando busca cercanĆ­a y recibe distancia, cuando intenta ā€œhacerlo bienā€ y aun asĆ­ no es visto— su sistema emocional empieza a organizarse alrededor de la incertidumbre. El vĆ­nculo deja de sentirse seguro y se vuelve algo que hay que vigilar, sostener y perseguir. AsĆ­ se va configurando el apego ansioso: una forma de relacionarse en la que el amor se experimenta como algo frĆ”gil, inestable, que puede perderse en cualquier momento. El niƱo aprende, no con palabras sino con el cuerpo, que para no ser abandonado tiene que esforzarse mĆ”s, adaptarse mĆ”s, estar mĆ”s atento al otro.


Y con el tiempo, esa lógica se traslada a la adultez, donde la presencia o ausencia del otro empieza a sentirse como una medida del propio valor.

Hoy quiero ofrecerte una prĆ”ctica muy especial que comparto con muchos de mis pacientes que estĆ”n trabajando en sanar su autoestima, sus vĆ­nculos de pareja y la manera en que buscan amor —a veces desde la necesidad, desde el miedo, desde el esfuerzo excesivo en mi programa Sanar y Sentirte.


Sé que, en muchos casos, tus padres hicieron lo mejor que pudieron con los recursos emocionales que tenían. Reconocer eso no invalida el impacto que sus ausencias, silencios o reacciones tuvieron en tu mundo interno. Porque la infancia no procesa desde la lógica, sino desde el sentir. Y lo que se siente de forma repetida se graba. La mente infantil toma las respuestas del entorno como verdades absolutas sobre sí misma: si no me miran, es porque no soy valiosa; si se enojan cuando lloro, es porque molesto; si no vienen, es porque no soy suficiente para que me elijan. Esas primeras conclusiones, que no fueron pensadas sino sentidas, suelen reactivarse mÔs adelante en los vínculos adultos: cuando un mensaje no llega, cuando percibes distancia, cuando das mÔs de lo que recibes para no ser abandonada. Por eso, con todo esto en mente, quiero invitarte a un ejercicio sencillo pero profundo, orientado a empezar a reparar esas huellas de abandono emocional y a redefinir la manera en la que te ves y te tratas a ti misma. Y si ya me conoces o estÔs trabajando conmigo en Sanar y Sentirte, sabes que siempre recomiendo hacer estos ejercicios a mano, con papel y bolígrafo. Hay algo profundamente terapéutico en escribir despacio, en crear un espacio solo para ti. Si puedes, elige un cuaderno bonito que acompañe tu proceso interior.



EL EJERCICIO

Antes de ir a lo mÔs doloroso, empieza por lo sencillo. Recuerda detalles cotidianos de tu infancia: qué te gustaba comer al volver del colegio, qué programa veías en televisión, a qué jugabas, cómo eran tus tardes. No fuerces nada. Este primer paso ayuda a acercarte a esa niña sin invadirla, a reducir la distancia y a crear un espacio interno seguro.

Luego, elige un recuerdo de tu infancia en el que te hayas sentido sola, no vista, ignorada o insuficiente. Puede ser una escena puntual o una sensación que se repitió muchas veces. Cierra los ojos unos minutos, respira profundo y conéctate con tu yo adulta de hoy: la mujer que ahora tiene mÔs conciencia, mÔs recursos y mayor capacidad de sostener.

Imagina que esa adulta se acerca con suavidad a la niƱa que fuiste en ese momento de vulnerabilidad. No viene a corregirla ni a explicarle nada, sino a escucharla. SiƩntate a su lado, mƭrala, acƩrcate con ternura y abre un espacio seguro para que por fin pueda expresarse.

Desde ahí, escribe. No como quien redacta una carta que se termina, sino como quien inicia un diÔlogo vivo y continuo. HÔblale y luego permítele responder. Deja que diga cómo se sintió, qué necesitó, qué dolió. Puedes contarle quién eres hoy, cómo ha sido tu vida, y también preguntarle cómo estÔ, qué siente, qué necesita decir. Este ejercicio no busca cerrar rÔpidamente una herida, sino abrir una puerta que quizÔ estuvo cerrada por mucho tiempo.

HÔblale con la ternura y la firmeza de una presencia amorosa real. Recuérdale que no fue su culpa, que su llanto tenía sentido, que no era demasiado ni insuficiente, que las ausencias de los adultos hablaban de sus propias limitaciones y no de su valor. Sostén su tristeza, su rabia y su miedo sin apurarlos ni minimizarlos. Dile todo lo que quizÔ necesitó escuchar de alguien en su infancia y nadie le dijo. Dile eso que necesitabas tan intensamente.

Lo mÔs importante es permitirte sentir. Este no es un ejercicio para entender desde la mente, sino para encontrarte emocionalmente con esa niña, honrar lo que vivió y quedarte ahí con ella. Este diÔlogo puede retomarse cada vez que lo necesites. No se trata de terminarlo, sino de construir, poco a poco, una presencia interna que escucha, acompaña y no se va.


Este ejercicio es profundamente transformador porque permite reescribir, desde el presente, las narrativas emocionales que quedaron grabadas en la infancia. Al conectar con la niña interior desde un lugar de compasión y seguridad, interrumpimos el patrón automÔtico de culpa, miedo o autosabotaje que suele acompañar al apego ansioso. Desde la psicología, se ha comprobado que las prÔcticas de reparenting (re-maternarse a una misma) y la escritura expresiva ayudan a procesar emociones reprimidas, reducir la ansiedad, fortalecer la autoestima y generar nuevas conexiones neuronales que promueven una autopercepción mÔs segura y amorosa. En pocas palabras, cuando hoy te ofreces el cuidado que no tuviste, tu sistema emocional aprende que ya no estÔs sola, y que ya no necesitas esforzarte por ser suficiente para ser amada.

Ā 
Ā 
Ā 
(Bulk 1)  (1).png

Obtén tu certificado de mascota de apoyo emocional 

¡Obtén tu certificado de mascota de apoyo emocional de manera rápida, profesional y acorde a las regulaciones en Colombia! 🐾✨ Escríbeme ahora y asegura todos los documentos necesarios en el menor tiempo posible.

© 2025 by Sanar y Sentir 

bottom of page